Educándonos en la edad de la inocencia
Ya sabemos que la edad de la inocencia cada vez se nos presenta antes, que la pornografía nos invade de más pequeños y la onanismo inquieto le sigue la huella a las manos antes que los mismos sueños. La implantación de medidas sugerentes en el deseo y le placer emergen como menos distantes en cada año que se agrega a la historia, a cada paso que damos y que sin darnos cuenta, en unos cuantos la vida ya nos tiene llevando niños y pañales a fiestas infantiles y parques recreativos. La descompensación con que se equilibra la vida y los recuerdos muchas veces lleva a sentirnos efímeros en el tiempo, muchas otras nos hace sentir como esas piedras enormes que intentan deslizarse al ritmo del aire, pero que no se mueven. Y es curioso porque mientras nos toca la etapa de educarnos, el tiempo y el espacio se hacen inconmensurables, se hacen lentos y las horas que el maestro nos enseña las materias, y a su par nos enseña metódicamente lo necesario para aburrirnos hasta el hartazgo, se nos vuelven esperas interminables para salir volando ala casa y dedicarnos a nuestros sueños, a nuestras imaginarias alucinaciones de vida, que muchas veces distan mucho de lo que la realidad y la vida nos tiene preparado.
Por todo esto, la infancia se presenta como el horizonte que divide la formación de lo estructurado, en la infancia la acumulación de información y experiencias determinará las reacciones y actitudes que uno pueda llevar y arrastrar como positivas o negativas ya de adulto. Lo que la realidad nos demuestra es que cada vez es menor el tiempo que lleva formarnos y mantenernos absorbentes a las experiencias, cada vez la edad en que los niños se enfrentan a la realidad e incursionan en roles de hombres, se aminora. El primer beso, la primera novia, la primera relación sexual, los primeros videos pornográficos…todo se hace a más temprana edad. Entonces la edad de la inocencia se quema pronto y los intereses y las ambiciones surgen necesarias y excusadoras de tanta ausencia de valores, de tanto individualismo y mediocridad. La etapa en que la educación forma a los futuros individuos se ha quedado atrás, hoy son los medios de comunicación y los grupos sociales los que cumplen ese rol mayoritariamente.
Y la edad de la inocencia se pierde entre tanta película de violencia y tanto cuerpo desnudo mostrado por la pantalla sobre el televidente, y la educación no puede hacer nada, no puede luchar contra una influencia tan fuerte y tan violenta como es la televisión principalmente. El impacto que sus contenidos causan sobre los infantes es letal, casi todo lo aprenden y lo imitan porque en su programa favorito se lo hizo algún personaje a otro, porque es divertido y porque para los infantes todo se imita, sin mucho razonamiento o conflicto existencial, lo que se ve se hace, y punto. Por eso una vez más la importancia de resaltar la intervención del gobierno sobre la programación de los medios, no como ente trasgresor de una libertad, sino como un progresivo regulador de su programación, siempre con la única intención de buscar la educación mediante esa fabulosa cajita mágica llamada televisión.
Add comment February 1st, 2008
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