El mal comportamiento en los niños
Como padres debemos marcar normas de conducta a nuestros hijos desde pequeños, así en el futuro podremos conseguir una buena conducta. Muchas veces el exceso de permisividad origina en los niños conductas egoístas, mientras que el autoritarismo crea niños con baja autoestima y crecen creyendo que sus padres no los quieren. Pero entonces ¿qué podemos hacer para evitar el mal comportamiento de nuestros hijos? Una fórmula que da mejor resultado que castigar a los pequeños es el recompensar las buenas conductas e intentar buscar alternativas a los actos que no nos gustan.
Sabemos que la mayor parte de los comportamientos infantiles, los adquieren aprendiendo de lo que ven a su alrededor. El niño al nacer desconoce las normas y pautas de conducta correctas, y nosotros servimos de modelos y ejemplos para ellos. Cuando el niño realiza un acto, lo repetirá en función de lo que éste origine en su entorno, es allí donde los padres debemos equilibrar entre la permisividad y el autoridad.
Los problemas de conducta pueden estar relacionados con dos factores, el primero es educativo y el otro biológico. Tenemos por ejemplo a los niños con hiperactividad, quienes necesitan ser tratados con medicamentos ya que los condicionantes de su mala conducta se presentaron desde el momento de su nacimiento. Además los padres debemos tener en cuanta que hay “falsos niños con trastorno”, cuyos problemas de conducta tiene como raíz la sobreprotección de los padres.
Ante un mal comportamiento los padres suelen reaccionar repitiendo las cosas que deben hacer sus hijos, luego negocian a través de sermones, sin tener éxito. Así cuanto más tensa se pone la situación recurren a los gritos y amenazas, algunos llegan a decir insultos y hasta dar bofetadas. Al tornarse la situación insostenible ven como única solución poner un castigo. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo esto se convierte en una rutina, dañando la comunicación y relación familiar. Así los niños crecen creyendo que este hábito familiar es normal.
Los castigos resultan a corto plazo la mejor solución, pero conforme se hacen comunes, los niños no le dan más importancia sino que mejoran sus habilidades para hacer travesuras para que no sean descubiertos por los padres. Como padres debemos tener presente que sean o no físicos los castigos, inducen al aumento de agresividad en nuestros hijos. Como adultos lo que consideramos como desagradable, tal vez para los niños no lo sea, y en lugar de considerarlo un castigo en realidad es un reforzador de comportamientos desadaptados.
Los especialistas han proporcionado técnicas de sanción que sustituyen los castigos, con las que el niño aprenderá las consecuencias de sus actos, donde sólo él será el protagonista. Un ejemplo, es dejar que recojan su ropa sucia sin intervenir en ello, así cuando no tengan que ponerse ellos serán los responsables. También existen las recompensas al buen comportamiento pero debemos tener cuidado al administrarlas. Las recompensas inmateriales son las que valen más, tales como: el elogio, la atención y la compañía. No debemos acostumbrar a nuestros hijos a regalos.
October 26th, 2007
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