El silencio también enseña; un problema que también remite a la educación ambiental.
Existen pocos lugares en el mundo donde el silencio se menospreciado. En un mundo tan congestionado y tan volátil como el de hoy, donde las principales ciudades sufren de sobre población, donde el tráfico es ensordecedor y donde la contaminación auditiva se ha convertido en un verdadero problema, el silencio se ha convertido en el objetivo primordial de los gobiernos. Muchas ciudades sufren de un problema aparentemente poco preocupante: el ruido, quizás porque la mayoría de personas se acostumbra a los ruidos de la ciudad, la adaptación de la cual nos jactamos nos hace aparentes desafectados de lo que pasa, pero en realidad el ruido afecta no solo físicamente, sino que además también puede causar problemas sicológicos, que con el tiempo pueden agudizarse y convertirse en un problema grave. La contaminación auditiva o sonora también es un problema del cual debemos estar al tanto. Acostumbrarse a los ruidos fuertes a diario no es problema, quizás para quien reside o ha residido por mucho tiempo en lugares céntricos, con mucho tráfico y mucha gente a todas horas, para quienes viven sumergidos en el mundo de las calles, las bocinas estrepitosas y las grandes maquinarias que retumban los oídos como campanas de catedral; para ellos el ruido no es un problema y por tanto, no algo que deba merecer preocupación o discusión siquiera. Lo que ignoran es que esos ruidos aparentemente poco molestos, con el tiempo pueden causar alteraciones en el sistema nervioso, generar molestos dolores de cabeza que pueden llegar a convertirse en fastidiosas jaquecas, provocar tensión, stress y provocar incluso nerviosismo. La gran incógnita surge cuando hacemos el intento de plantear una solución al problema, cómo podemos hacer para que esta contaminación sonora disminuya si parece no importarle mucho a nadie lo que pase como consecuencia, es difícil intentar desarrollar una solución para un problema que a pocos interesa, entonces el primer paso debería ser el generar una conciencia sobre el problema, gestar un proceso de lucidez respecto al problema, hacerlo notorio, brindar información básica y necesaria para el entendimiento cabal de lo que realmente pasa, las causas, las consecuencias y el peligro que significa vivir acostumbrado a tanto ruido. La necesidad entonces se extiende también al plano educativo, quizás principalmente a la educación básica, la primaria, que es donde los niños tienden mayoritariamente a absorber y procesar la información de manera más inmediata. Quizás educando a los niños sobre el problema sonoro y sobre la importancia que este problema representa, tal vez así sea factible reducir el problema en un futuro, pues la solución de este problema no radica en una cuestión mediática, sino más bien se ve incluida en un razonamiento colectivo, una actitud inconciente ante la adaptación a una circunstancia, sin tomar en cuenta que esa adaptación vuelve al problema soportable, pero no evita que el problema sea perjudicable. Entonces, lo que se debe hacer es incentivar esa toma de conciencia desde la escuela, mediante clases prácticas de la importancia del silencio y lo grave que puede resultar el excesivo ruido para nosotros.
January 25th, 2008
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