Talleres de verano

Cuando terminamos el colegio, luego de meses de tareas y exámenes, por fin podemos disfrutar de las merecidas vacaciones. Pasear en bicicleta, salir con nuestros amiguitos o ver películas por la tele, es lo que más nos emociona de esos meses libre. Sin embargo, luego de semanas la rutina comienza a aburrirnos y no sabemos que hacer. Todos de niños hemos pasado por eso, no queremos volver aún a la escuela pero tampoco queremos estar en casa todo el día. Nuestros padres ven como único remedio para nuestro aburrimiento inscribirnos en actividades extracurriculares. Como cada niño es diferente las actividades van a ser diferentes. Un ejemplo es matricularnos en una escuela de fútbol.

Cuando era niño mis padres me matricularon en una academia de fútbol, a mi me gustaba mucho ese deporte, todavía lo practico. En mi dormitorio tenía afiches de mi equipo preferido, de mis jugadores favoritos y mi uniforme del Real Madrid. Lo bueno de mi padre es que compartía mi afición al fútbol, o para decirlo correctamente yo compartía su afición. A pesar de trabajar duro, eso no le impedía pasar un día en la canchita practicando o llevarme de vez en cuando a los partidos, los dos gritábamos y alentábamos a nuestro equipo, a veces regresábamos molestos a casa porque habían perdido. Pero eso no nos impedía ir de nuevo al estadio, volver a gritar con la hinchada. En mi escuela no era muy aplicado, pero jamás desaprobé un curso. Mi madre siempre veía que terminará todas mis tareas antes de jugar, se preocupaba bastante por mi hermano y por mí. Ella era profesora de un colegio cerca de mi casa, y cuando regresaba de dictar clases seguía con su labor teniéndonos a nosotros como alumnos. Como en mi libreta tenía sólo notas aprobatorias, mis padres decidieron meterme a la academia de fútbol, era una forma de compensar mi buen rendimiento, yo más contento no podía estar.

Me levantaba temprano de lunes a viernes, iba a la ducha y me vestía con el uniforme. Luego bajaba a la cocina y desayunaba con mis padres, mi padre era el encargado de llevarme a las prácticas. Él me dejaba en la puerta y yo como grande caminaba sólo hasta el campo, allí con las instrucciones de mi profesor hacía gala de las habilidades que tenía y mejoraba aquellos aspectos deficientes en mi juego, estuve todo el verano practicando. Ese verano yo me veía en unos años convertido en un jugador estrella, quién iba a pensar que sería un abogado. Mi hermano estaba en un curso de matemáticas, ese año no le fue bien en la escuela y tuvo que mejorar sus conocimientos en los números, era mayor que yo y no le gustaba mucho el fútbol. Éramos dos personalidades totalmente distintas. Cada uno por su lado haciendo lo que más le gustaba, así pasamos ese verano.

En la canchita yo la rompía, era el mejor y no es por alabarme pero el tiempo en la academia me había ayudado bastante, mi juego mejoró. Así estuve todas las vacaciones disfrutando del fútbol.

Los talleres de verano son una buena opción para que los niños se mantengan ocupados divirtiéndose y aprendiendo.

Add comment October 19th, 2007

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